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10 lecciones aprendidas en 10 años en Microsoft

Julio siempre es un mes de reflexión en Microsoft: con el reinicio del año fiscal cambian objetivos, prioridades y, a veces, también compañeros o managers. Este año, mientras enfocaba el nuevo ciclo antes del parón veraniego, me he dado cuenta de que es mi décimo julio en la compañía, algo que, la verdad, nunca pensé que conseguiría. Quizás el primero no cuenta, porque entonces estaba concentrado sobre todo en conseguir que no me echasen antes de agosto, pero aquí estamos, al fin y al cabo.

Han pasado muchas cosas en estos 10 años, tanto en mi carrera profesional como a nivel personal: algunos logros, unos cuantos contratiempos y muchas lecciones que no siempre entendí a la primera. Creo que en general siempre se puede aprender algo, si no para evitarlos, al menos para estar mejor preparado la próxima vez.

Estas son las reflexiones a las que he llegado estos días. Las comparto sobre todo para mí mismo, para volver a ellas en tiempos menos optimistas.

  1. Síndrome del impostor. Conócelo. Abrázalo. Nunca desaparece del todo. Te mantiene con los pies en la tierra; úsalo para cuestionar tus ideas, pero asegúrate de tomar tus propias decisiones.

  2. Elige tus batallas. Si dices que sí a todo, acabarás por no hacer nada relevante.

    Además: Recuerda el coste de oportunidad. Cada compromiso que aceptas implica renunciar a otras alternativas.

  3. Abraza el cambio. Apuntamos siempre a un objetivo en movimiento. Lo que hoy parece la prioridad más crítica y estratégica puede cambiar el próximo trimestre. Como plantea David Alayón: en este mundo de incertidumbre radical, a menudo buscamos soluciones para problemas que ya no existen.

    Corolario #1: No pongas todos los huevos en la misma cesta.

    Corolario #2: Disfruta de lo que te gusta, porque nunca sabes cuánto va a durar (y lo mismo aplica en sentido contrario).

  4. Adapta tus objetivos a tus circunstancias. No todos los años pueden ser el mejor año. En la vida pasan cosas impredecibles, y está bien. No compares tus peores momentos con la mejor versión que los demás deciden mostrar. O, mejor aún: no te compares con nadie. Es más fácil, más sano, y más sostenible a largo plazo.

    Corolario: La maldición de la motivación: No puedes estar motivado todo el tiempo, ni falta que hace. A veces la motivación viene de fuera del trabajo. No te define tu rol ni tu puesto de trabajo.

  5. Mantén la curiosidad. Es más útil la curiosidad que el conocimiento. Lo primero lleva a lo segundo.

    Corolario: Cuando estás en el lugar adecuado, siempre hay alguien que sabe más que tú. Es una buena señal. Atrévete a asumir algunos riesgos; normalmente merece la pena.

Ilustración de resumen titulada '10 años, 10 consejos', con elementos visuales sobre aprendizajes profesionales y personales en Microsoft.
  1. Sé tú mismo. La autenticidad siempre acaba compensando a largo plazo.

    Corolario: Acepta también que los demás sean ellos mismos. La diversidad debe ser bidireccional. En mi caso, he desarrollado una tolerancia enorme hacia formas de pensar y de actuar muy distintas a la mía. A la vez, reconozco que mi personalidad también requiere cierta dosis de tolerancia por parte de los demás. Me parece un trato justo.

  2. Aprovecha el alcance de tu empresa, pero crea conexiones personales reales que sobrevivan a cambios en la estructura. Las grandes organizaciones pueden ser abrumadoras y frustrantes, a menudo lo son, pero funcionan como una suma de pequeños grupos. Construye tu red: cada nuevo nodo multiplica exponencialmente las conexiones posibles.

  3. Sesgo de unicidad. Eres completamente único, igual que todo el mundo.

  4. Mide tu impacto. Si no puedes medirlo, ¿es realmente impacto? Y si puedes medirlo, ¿estás midiendo lo que realmente importa?

    Dejo la pregunta sin respuesta de momento. Después de diez años debatiéndola con otros tantos managers, sigo sin tener una respuesta clara 😂

  5. Cuídate. La salud física, mental, social y financiera importan. Todas cuentan. Mejorar tu punto más débil suele ser la forma más rápida de mejorar tu bienestar general. Además, los pequeños hábitos terminan acumulándose con el tiempo.

Y, sobre todo, la lección más importante: mentalidad de cambio. La idea que cambió por completo mi forma de entender la vida y el trabajo es que casi todo se puede cambiar, enseñar y aprender. El talento suele ser una falacia que esconde pura constancia, práctica y repetición. Admiramos el resultado y lo llamamos talento, ignorando el proceso que hay detrás.

Mejoras aquello que repites. Los demás verán el resultado, pero no el proceso; la confianza en ti mismo, pero no las horas de práctica; la experiencia, pero no los errores ni los años de esfuerzo silencioso.

Cuando interiorizas de verdad que puedes aprender y mejorar en cualquier cosa, la mayoría de tus límites empiezan a ser negociables.

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